Luis de Góngora (1561 – 1627) es otro de los grandes exponentes de la poesía del Siglo de Oro español, y tal como sus predecesores, realiza un análisis sobre la fugacidad de la vida humana y lo inminente de la muerte.
En este soneto se dirige a una rosa, una delicada creación cuya belleza cautiva, pero es tan efímera que debe aprovecharse
«A una rosa»
Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lúcida,
y para no ser nada estás lozana?
Si te engañó tu hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.